ARROABAN
los jabalíes crotoraban las cigüeñas crascitaban los cuervos relinchaban los
caballos mugían las vacas croaban las ranas mayaba la gata, cantaban los
canarios, gruñías el puerco, silababa el búho mayaba la coruja, cacareaba la
gallina, ladraban los canes de Zurita pero lo peor de todo es escuchar el
aullido del lobo en las noches de enero. El peor enemigo no es la fiera que te
muestra los dientes o escuchar al león rugir ante tu ventana sino el vecino que
te pasa la mano por la espalda. Los borregueros de Turégano se han echado al
monte con sus borregos y Valdivieso es un divieso en carne viva. ¿Estos son tus
amigos los curillas? Pues mira cómo te maltratan. Todos sienten hacia vos
rencor y omecillo. La ira no se les cura. El tuerto de Intereconomía devanaba
historias increíbles. Quería ser el primero. Me lo pido y lo mismo hacían Pío
Momas y otros autores carentes de ingenio. Tenían que eliminar al otro para que
no les hiciese sombra y abrirse brecha a codazos. Ya decía don Miguel que
vivimos en un país de rencores pero ese toro de Intereconomía no es un miura
sino un bull de los de Rockefeller. No te fíes mucho del pelo blanco va a lo
suyo. Él y el tuerto pretenden ser los defensores de España pero su afán es
enriquecerse a sí mismo. A derecha e izquierda se alzan los farallones
derruidos de la patria mía. Tú sigue tu ruta, no hagas caso. La chati del
Pigtail se limpiaba el coño con una teja y ahora tiene en su reserva papeles
higiénicos perfumados, vive en una dacha de Galapagar. Adiós Vallecas. Ellos
defienden al obrero… de lejos. La política se ha inventado en España para
chupar imagen, henchir los bolsillos, discursear y pedorrear. Arrúan los
jabalíes ya digo. El Analecto y la farota de la Leo abrían la puerta del
infierno a los clientes mojándoles el café con leche con DDT. En una jaula de su
esconce tenía nuestro protagonista un jilguero enjaulado al que llamaba
“Caruso”. Se pasaba las mañanas de sol trinando partituras de ópera con lo que
daba gloria a Dios y dejaba el alma satisfecha de su amo que al oír salmodiar a
Caruso se olvidaban de cuando le clavó la navaja a la archivera. Fue un golpe
seco y cortante. Toma para que no te rías de mí. Dejarás de batir tortillas con
tu coima, escupir sobre mis vírgenes y arrancar los dieces de mi rosario. ¿Por
qué te manchaste las manos de sangre, Manahén? Lo hice en defensa propia.
Conmigo no se juega. Alguien tenía que cortarles las alas a los buitres de You
Can. El bueno de Arije le hizo la tonsura al Coletas. Ese tío le daba cien
patadas en la barriga y su chati le ponía nervioso cuando iba con los cartapacios
de tareas bajo el brazo. Los apuntes de Facultad se habían convertido en
papeles de gobierno. Marxistas de salón. La prensa del Duerno gustaba de
comparar a los de Podemos con los de Venezuela. La archivera quedó yerta en
medio de un pequeño charco de sangre tras un breve pataleo acelerada agonía se
cagó por la pata abajo a la hora de expirar. Arije fue certero. Se demostró que
era tan bueno con la pluma como con la navaja.
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